95. Frutos secos
Estoy haciendo un cheesecake de queso de cabra con miel y nueces.

Y mientras preparaba las nueces pensé que este sería un artículo interesante para compartirte.
Son de esas cosas que pueden parecer obvias, pero no lo son para todo el mundo, son detalles que muchas veces ignoramos y, sin embargo, ahí está gran parte de la diferencia.
Tostar los frutos secos.
Yo siempre tuesto los frutos secos.
Las nueces, las almendras, las pecanas, el maní, las avellanas, el pistacho... todos.



Y si alguna vez vas a hacer una mantequilla o una pasta de frutos secos, este paso es obligatorio.
Cuando los tuestas, el calor ayuda a liberar sus aceites naturales, los aromas se intensifican, el sabor se vuelve mucho más intenso y aparecen sabores que cuando están crudos simplemente no existen.
De hecho, hay frutos secos que nunca consumo sin tostar.
Las nueces, por ejemplo, crudas suelen ser amargas y no me gusta.
En cambio, cuando pasan unos minutos por el horno, deliciosas, es un fruto seco que me fascina, pero tostado.
Lo mismo me pasa con las peanas y las almendras.
Yo normalmente los tuesto a 180 °C durante 8 a 10 minutos.
No busco que se doren, solo que empiecen a oler.
Si te pasas del tiempo y se tuestan demasiado o peor aún, se queman, pierden parte de su sabor.
Después los dejo enfriar.
Aunque, si voy a hacer una pasta de frutos secos, prefiero procesarlos cuando todavía están tibios, porque eso ayuda muchísimo a la fricción y hace que suelten sus aceites con más facilidad.
Es un detalle pequeño que marca una diferencia enorme.
Incluso si solo los vas a poner sobre una tabla de picoteo.
Esos pequeños detalles han sido siempre una de las obsesiones de Dimanche.
Pronto te compartiré la receta completa del cheesecake de queso de cabra con miel y nueces que estoy desarrollando para la serie Cata de tartas de queso en España.
Y sí...obviamente tosté las nueces.
Un abrazo,
Paola Verónica


